Por Jorge Colipe

Este jueves se llevó a cabo un Pleno en el municipio de Albox, de esos que ya nos tienen acostumbrados. La sesión, órgano deliberativo de quienes representan la voluntad popular, acaba convirtiéndose en un chiquero donde los ex socios de gobierno (Torrecillas + No Adscritos + PSOE) terminan revolcándose después de haberlo abonado en las redes sociales.

Esta alianza, destinada al fracaso antes de consumarse, ha convertido en un barrizal la sesión de Plenos y la política local. Los vecinos, como si de un Gran Hermano de mala calidad se tratara, están expectantes, como lo están hoy por la mañana, a ver quien hace o dice la barbaridad más grande; esa que roza el insulto, el mal gusto y las malas formas.

Por sus actos los conoceréis, y ahí están, apuñalándose entre ellos como fin primero y último, olvidándose de quiénes son y para qué están ahí.

Ya no importa saber cuáles son los puntos en el orden del día, porque tampoco se acatan las decisiones que toma la mayoría; solo importa saber como finaliza la cosa y quién o quiénes han puesto el listón más bajo.

Cosas de la vida (no de la política) cuando el PSOE era socio de este concejal al que hizo alcalde con solo 354 votos, nada decía de los vecinos que se expulsaban de los Plenos solo por capricho del capataz, que en el penúltimo Pleno hizo echar a un vecino que se animó a llamar a la movilización ciudadana para preservar los servicios sanitarios municipales. Ejemplos me sobran.

Torrecillas hace un año y ahora, actuaba igual, solo que avalado por quienes dicen llevar el progresismo como bandera, algo que discúlpenme, hoy voy a poner en duda, visto lo visto y a la luz de los acontecimientos (bomberos, centro de salud, colegio Fenoy).

Ahora resulta que un año después y 3.000 euros menos, nos caemos del guindo y le acusamos de dictador. No voy a ser yo quien defienda a Torrecillas, Marx me libre, porque este hombre se está encargando de desmontar lo poco –y subrayo lo de poco-, que Albox había conseguido en los últimos años. Por lo que parece, ahora también se ha cargado el festival nacional de teatro aficionado, uno de los más antiguos del país.

Pero lo peor no es eso. Lo más lindo de esta jodienda, es que aquellos que auparon a Torrecillas al poder, lo pueden descabalgar, si quisieran. Pero aquí tampoco los concejales socialistas se ponen de acuerdo. Uno se reúne con el PP y transmite su versión –interesada- a sus compañeros. Otro directamente se ofrece al PP a cambio de un trabajito. Otra “por méritos personales”, recibe una gerencia de la Junta de Andalucía y agrieta su relación con los que se han quedado en la estocada. Para más inri, el propio Torrecillas les manda mensajes privados –como el que me mostró Sonia Cerdán hace algún tiempo- para que vuelvan. Esos mensajitos se los manda a varios, un copia y pega. En definitiva, un juego de intereses individuales que nada tienen que ver con el proyecto socialista. Si me apuran, alguno ni siquiera es del PSOE. Si voy más allá, Albox a ninguno le importa un carajo.

Por otro lado, y así está reflejado en las redes sociales, Torrecillas y Cerdán se amenazan con acudir a los juzgados. Lo mejor sería ir y no avisar, porque suena más a amenaza que a otra cosa. El regidor argumenta que se le ha hecho daño a su familia. Entonces me pregunto lo que pensarán aquellas familias a las que él ataca un día si y otro también, con descalificaciones y datos que podrían ser constitutivos de delito. Torrecillas se olvida, tal vez, que él tiene familia, hijos, nietos, que cuando él no esté, tendrán que seguir viviendo entre los vecinos, en medio del enfrentamiento social que él se encarga de generar. Puede no importarle, pero debiera saber que donde las dan, las toman. Como dicen aquí en mi pueblo, no son lo mismo los dátiles, que los tomátiles.

Torrecillas ataca a los comerciantes y llama a los jefes del jefe del PSOE local para echarle el freno. A Tito esta legislatura, sino antes, se le acabó la política. Pero yo no me imagino a nadie llamando a la señora Botín para ponerle las quejas o advertirle que se irán depósitos en forma masiva de su sucursal albojense. Porque eso no es de buena gente. Es un ensañamiento innecesario en esto de la política, donde aunque pocas, hay reglas que respetar.

Mientras todo esto sucede, el partido Popular observa como otros le hacen la campaña. Esta apreciación la comparto con militantes socialistas –de los de verdad-, que aunque recojan reconocimientos no son ciegos. También con alcaldes del PSOE, quienes no entienden ni lo de Torrecillas, ni lo del Centro de Salud, ni siquiera lo de la gerencia de Sonia Cerdán. Solo hablan del bochorno que ya ha dejado de ser una novedad.

Como verán, yo a estas alturas ni siquiera les pido que gobiernen. Con que sean un poco educados, ya me alcanza