Adolfo López Jiménez

                                  REGISTRADO EN EL AYUNTAMIENTO DE CANTORIA                         con el número  2 8 5 5   — fecha:  22 – agosto – 2019      

                                                                                               

             Señora alcaldesa de Cantoria

Por el asunto de que se trata, y como no creo conocerla, me presento diciéndole que soy sobrino carnal de Adolfo López Jiménez, fallecido médico de Cantoria, lugar donde nací y viví con mi familia hasta los veinticuatro años en que me vine a Garrucha a ejercer mi profesión de maestro de escuela, ya jubilado, donde resido.

La razón de este escrito, como puede suponer, se refiere al acuerdo adoptado por la Corporación municipal que usted preside en el sentido de haberle suprimido el nombre a la calle del Dr. Adolfo López Jiménez en favor de calle Álamo, lo que para mí es una medida que no se comprende dadas las circunstancias que concurren. Por medio del borrador del acta y del vídeo publicados por el Ayuntamiento estoy informado de los pormenores de la sesión extraordinaria del pleno municipal de 1º de agosto de este año en la que se adoptó el citado acuerdo, que dice así: “Aprobar el cambio de denominación de la actual Calle Doctor Adolfo López Jiménez por el de Calle Álamo, ubicada en el Núcleo de Cantoria.” 

Según dice el acta, el secretario dio lectura a un escrito de usted mediante el cual expuso a la Corporación el motivo que justifica el acuerdo de recuperar el nombre de calle Álamo, motivo que es del siguiente tenor literal: ‘Se trata del nombre que tenía desde hace muchos años, con importantes connotaciones históricas que la misma tiene y que, generación tras generación, se han ido familiarizando con la misma, ya que ha sido una de las principales vías con las que ha contado el Núcleo de Cantoria a lo largo de su historia. Son sus razones.

 Una vez que el secretario hubo leído la propuesta de usted y el prolijo relato de las coordenadas de situación de la calle, su orientación geográfica y calles transversales, por cierto que sin el dictamen de una comisión informativa, como es normal correspondía que usted o su portavoz explicaran de viva voz las razones del cambio, pero la explicación fue el silencio de todos; así lo reflejan el acta y el vídeo. De modo que se votó su propuesta, la cual se aprobó con los siete votos a favor del grupo socialista y la abstención del único voto del grupo popular. Por lo visto, quitarle el nombre del médico Adolfo López a la calle no merecía un mínimo comentario, ¿acaso mi tío no era acreedor de una simple palabra de agrado a su memoria por parte de algún miembro de la Corporación municipal? La cuestión es que en un silencioso salón de sesiones el secretario leía cómo se despojaba a un ilustre hijo de Cantoria de una más que merecida distinción, concedida pocos años antes en ese mismo salón.

De modo que con una simple lectura, sin debate y en silencio, se consumó el agravió a la memoria de una persona honorable, con el más absoluto desprecio a su familia y creo que con el desagrado de la mayoría de la población. Asombra la forma fría y calculada con la que ustedes han manejado este infortunado asunto, acaso satisfechos por quitarle a la calle el nombre de una de las personas más relevantes que ha dado el pueblo de Cantoria. Cabe preguntarse si se hubiera actuado igual de haber sido de izquierdas el médico Adolfo López.

Sin embargo, hace como ocho o nueve años el pleno de la Corporación municipal, presidido entonces por el alcalde Pedro Llamas García, adoptó por unanimidad el acuerdo de ponerle a esa calle el nombre de Dr. Adolfo López Jiménez en reconocimiento de su labor médica en Cantoria a lo largo de toda su vida profesional, que por cierto es la calle donde nació y vivió siempre. Aquella Corporación estaba constituida por concejales populares y socialistas, como la de ahora. Sin duda aquella Corporación le puso el nombre sabiendo que popularmente seguiría siendo la calle Álamo, con placa o sin ella, como así la vienen llamando generaciones de cantorianos, entre ellos yo, a pesar de que durante más de cincuenta años se ha llamado avenida de José Antonio, que todo el mundo conocía puesto que tenía bien visible su placa de mármol gris. Este nombre se le quitó a la calle por obvias razones políticas. Los municipios están cargados de nombres populares que son los que, en general, usa la gente, sin perjuicio de que los ayuntamientos les pongan nombres de personas o hechos para honrarlos y que perdure su memoria con tal distinción, como era este el caso.

Ha de saber usted que Adolfo López Jiménez cursó la carrera de Medicina en Granada con un espectacular expediente de matrículas de honor y sobresalientes. Cuando obtuvo el título de médico en 1953, igual que su padre, su abuelo y su hermano, médicos los tres de Cantoria, se instaló en su pueblo hasta jubilarse, donde desempeñó su profesión a plena satisfacción como el gran médico que era, así reconocido por todos; evitando tantas y tantas veces que los enfermos se desplazaran fuera de la localidad para evitarles molestias y gastos; que no se olvide la parte de los tiempos de penuria que hubo entonces. En sus años de médico de Cantoria solventó gran cantidad de problemas de salud de todo tipo. Una persona que sólo se dedicó a su profesión, libre de veleidades políticas, fue a la que premió su Ayuntamiento, y ahora el mismo Ayuntamiento, con otras personas, sin base argumental, le retiran porque sí el galardón con el que honraron su memoria hace pocos años.

Pienso que en el primer mandato de usted se tenía decidido quitarle a la calle el nombre de Adolfo López con cualquier pretexto, a la espera del momento oportuno pues no era el caso de hacerlo con su esposa en vida y retirar la placa de su fachada con ella en la casa. Pero cuando ella murió las elecciones estaban cerca y como tenían ustedes una fuerte oposición política, no convenía; de modo que han esperado al segundo mandato para adoptar el acuerdo, un mes y medio después de posesionarse la nueva Corporación, en agosto y en puertas de las fiestas, sin que los hijos vivan en Cantoria y con una oposición muy debilitada. 

En su escrito dice usted que la calle Álamo tiene ‘importantes connotaciones históricas’, como no concreta nada al respecto desconozco a qué importantes connotaciones históricas se refiere usted. La tranquila calle Álamo, en la que viví durante años y he pasado las vacaciones, es una bonita calle sin más rango que las demás, y que yo sepa nada excepcional ha ocurrido en ella de significado histórico para Cantoria. Sin embargo, en una casa de esa calle sí que se produjo un hecho notable que ahora le cuento. 

En el año 1950, en la casa número 24 de la calle Álamo (entonces José Antonio) residía un matrimonio de ancianos: Sebastián Liria y Esperanza López, cuidados por su hija Mariquita, Mariquita era la abuela materna de Socorro Peña, su suegra de usted. Resultó que a la señora Esperanza, que padecía una severa diabetes, por causa de la misma se le gangrenó una pierna. Tanta era la gravedad que su médico de cabecera, mi tío Juan López Jiménez, anunció a la enferma y familia que era necesario amputar la pierna por encima de la rodilla para que no falleciera, razón por la que tendría que ser internada en el hospital provincial. La propuesta del médico no satisfizo a la enferma, que se negó a ser hospitalizada, a la vez que le pidió a su médico que la operara él. Lógicamente, el deseo de la anciana abrumó a mi tío debido a la magnitud de la operación a realizar en la propia casa de la enferma. Pero tanta fue la insistencia que mi tío se vio obligado a pensárselo y consultarlo con su padre (mi abuelo) y con su hermano Adolfo, a la sazón estudiante de Medicina. La arriesgada operación se realizó en la casa familiar con pleno éxito, era el 9 de abril de 1950, domingo de Resurrección. En la operación actuaron: mi tío Juan (cirujano), su padre (pendiente de la anestesia y signos vitales de la enferma), su hermano Adolfo (ayudante) y su hermana Carmen (como enfermera). Seis meses después la anciana señora pudo abrazar a su hijo Juan Pedro (mi suegro) y a su familia, llegados de América. Al año siguiente la señora Esperanza falleció víctima de la gangrena en la otra pierna. 

Sin embargo, en el punto siguiente, el número 5, del mismo pleno se produjo la gran contradicción y el agravio comparativo. Resulta que la Corporación acordó cambiar el nombre de Calle de la Estación por el de una persona de Cantoria que desde siempre vive fuera y a la que no conozco, cuyos méritos, según dice usted en su escrito de propuesta a la Corporación, son ‘los lazos que le unen a Cantoria, como cantoriano’ y que en sus actuaciones públicas con su orquesta dice que es cantoriano. O sea, aquí suprimen ustedes el nombre popular de la calle por el de una persona, lo contrario que hacen con la calle Álamo. 

Mientras que al contrario de la calle Álamo, el CaminodelaEstaciónatesora parte de la historia humana de Cantoria, que usted no conoce. Un camino por el que durante muchos años, con trayecto más corto que el del paseo, han transitado los agricultores montados en sus borricas para realizar sus labores en el campo. Lo mismo que la gran cantidad de personas que iban a por agua a la estación con sus carrillos de dos cántaros, siendo la más habitual la sacrificada hija de María la Melilla que con gran esfuerzo iba y venía a la estación a cargar agua con su carrillo de mano para venderla en las casas. Asimismo, cada día se veían por el camino los viajeros del tren, igual que los soldados, que haciendo la mili (yo mismo), se marchaban o venían por razón del permiso. También cada día, sin perderse uno, con lluvia, viento o calor, se veía a Paco Cerrillo bajar al tren para recoger los manojos de periódicos y con ellos bajo el brazo subía por el camino para repartirlos por las calles. Igualmente era utilizado ese camino por las oleadas de emigrantes, personas muy necesitadas, que iban y volvían en el tren a Navarra, Cataluña, a la siega en los campos de Castilla o la vendimia en Francia para ganarse la vida. Ese trasiego de personas por el Camino de la Estación forma parte de mis vivencias en Cantoria a través de los años. Ese nombre popular perdurará siempre aunque tenga otro nombre oficial, igual que sucede con la calle Álamo.

Leída por el secretario la propuesta de usted, la concejala del PP expuso al pleno la contradicción de criterios existente entre lo acordado por el grupo socialista en el punto anterior y éste, así como la diferencia de méritos entre Adolfo López y Manuel Rubio (nombre para del Camino de la Estación). Ni usted ni nadie del grupo socialista replicaron a la concejala como hubiera sido lo correcto, y entonces surgió lo insólito, el secretario tomó la palabra para debatir contra la concejala del PP y a favor de ustedes, algo fuera de lo normal pues esa no es función del secretario. Reproduzco el texto completo de lo que dice el acta al respecto:

“A continuación, toma la palabra la Sra. García Fernández señalando, que el cambio de denominación se produce porque es una persona significativa, siendo sus orígenes de Cantoria. Por todo esto, continúa, no entiende el cambio de la Calle votada en el Punto anterior, preguntando, si es más significativo el nombre de Calle Álamo que el de Calle Doctor Adolfo López Jiménez.” 

“De orden de la Presidencia, el Secretario Municipal comenta que no es el mismo caso que el anterior. Una se refiere, sigue, a las connotaciones que recaen en el Sr. Rubio, dando a conocer el nombre de Cantoria, actuación tras actuación, mientras que en el Punto anterior de lo que se trata es de resaltar el significado histórico de la Calle Álamo a lo largo de los años.”

 Responde la Sra. García, que el nombre de Doctor Adolfo López Jiménez también es significativo para el Pueblo de Cantoria.” 

“Comenta el Sr. Secretario, autorizado por la Presidencia, que es una decisión del Equipo de Gobierno, previamente justificada como se ha señalado en las dos Propuestas leídas. “

“Finaliza la Sra. García diciendo, que es más relevante lo que hizo en Cantoria el Sr. Adolfo López que el Sr. Manuel Rubio.”

Mire, llevaba yo quince años viviendo en Garrucha cuando me eligieron alcalde del municipio, y le puedo asegurar que en los más de veinte años en que desempeñé el cargo jamás se me hubiera ocurrido quitarle a una calle o institución el nombre de un hijo/a de Garrucha, pues cuando alguien recibe el honor de esa distinción es por sus reconocidos merecimientos, como en Cantoria es el caso de mi tío. Por supuesto que con los no nativos hubiera sido igual. ¿Quién era yo para arrebatarle a una persona su merecido galardón? Y es que no es bueno que los ayuntamientos realicen acciones de esa especie sin causa justificada, lo que supone dañar la imagen de personas y causar malestar en el entorno familiar.

Por mucho respaldo popular que se obtenga en unas elecciones hay medidas municipales que por su naturaleza no cuentan con el beneplácito de la mayoría ciudadana, más bien producen rechazo, por eso pregunto: ¿Está usted segura que cuando esta medida sea conocida por todos contará con el aplauso de la mayoría silenciosa de los cantorianos? No se olvide que la persona agraviada ha sido su médico de familia durante muchos años a plena satisfacción, pues Cantoria, como los demás pueblos, tiene sus sentimientos. Y es que atropellos de este tipo deben ser desterrados de la acción política. 

No creo que exista intención alguna de rectificar el yerro cometido, pero sepa que eso es lo que corresponde hacer cuando un asunto afecta a personas en particular. En sus manos está. 

En todo caso, ante la afrenta perpetrada vendrá otro tiempo en que llegará el desagravio municipal mediante personas justas que de nuevo pondrán en su lugar el nombre de quien lo tiene bien merecido, como debe ser.  

Atentamente.

En Cantoria, a 22 de agosto de 2019

        Firmado: Adolfo Pérez López