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Redactor Jefe
Miércoles, 1 de marzo de 2017 | Leída 919 veces

Cantoria: un pueblo amordazado y secuestrado

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Concejal del PP de Cantoria.

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Debo de comenzar este escrito anunciando que todo lo aquí expuesto está realizado a título propio, como hombre libre, sin doctrina ni buscando pan, a cualquiera persona que lea esto le parecerán extrañas y singulares mis palabras, pero créanme que si mis adversarios replican estas palabras serán ciegos adoctrinados o barrigas llenas con unas cuantas migajas. Cuando lean todos mis argumentos créanme que estarán de acuerdo con lo ya leído.

Este lunes, una vez más, vi a los representantes de mi pueblo realizar otra vergüenza, humillar la esencia de la democracia. La pelea de dos familias se ha convertido en una dictadura impuesta por seres sin ideología. Cuando uno lee estas conductas en libros de historias o en la presente ola de populismo se ríe o hace sátira, pero cuando te toca te sientes como el poema de Bertolt Brecht: “(…) Cuando vinieron a por mí no había nadie más que pudiera protestar.” Quizás por ello escribo esto, porque con toda sinceridad creo que es lo correcto.

No me voy a remontar mucho, pues conocida es la historia y si no tecleando determinados nombres en internet saldrán cientos de artículos de todos los colores y gustos. Un hermano, otro puesto, un esposo, una esposa… solamente tengo constancia de tales hechos en sociedades tribales, en aquellas que los romanos llamaban bárbaros y, esta vez, no viene de su esencia etimológica, todos hablan la misma lengua. Nada de lo entonces acontecido me pareció correcto pero como decía una leal amiga: “pueblo chico, infierno grande”. Asumida esa esencia el virtuosismo muere y cuando no hay virtud impera el vicio, como decía mi querido Erasmo.

Las elecciones se ganaron con la fiel promesa de que un personaje iba a restaurar su inocencia, hasta ahora se ha demostrado o que el juicio es muy largo o que ha sido la estafa electoral más grande que he visto. Sí estafa, pues los cantorianos votaron a un fármaco para sanar lo que había y al final ha resultado ser puro veneno.

El veneno se mostró con cientos de promesas electorales de todo tipo incumplidas, después llegaron los dimes y diretes entre unos y otros, falsedades y mentiras de aquellos que solamente querían comer de la olla. Pero todo se acentuó con que delante de la juventud se amenazó a Javier Fernández Utrera, un buen cantoriano, y después con la peor de las conductas se insultó a Casto Uribe delante de toda la mancomunidad  ¿qué se hizo ante esto, fue expedientado y relevado del cargo? No, sigue ahí, detentando su cargo, un cargo de asesor y alcalde pedáneo de Almanzora.

¿Qué se hace ante esto? ¿Se debe de protestar? ¿Nadie pide la dimisión de quien lo conserva en su cargo?  La alcaldesa además de subir la deuda y no haber realizado ni acabado ninguna obra en la peor gestión que se puede ver, niega de la forma más dictatorial la palabra y, así, vino el ayer, lo acontecido en el Pleno del 27-02-2017.

Trascurridos los puntos del día y ante todas las vergüenzas, el PSOE decidió sacar a su portavoz Carmen Mellado, ese ejemplo de honestidad que ha cobrado del Palacio por nada y ha tenido alquilado un monumento BIC a particulares, al ataque. Confundiendo la esencia democrática pericliana de lo privado y lo público. Y es que, cuando hay pleno porque lo realizan cada 7 meses, es una verdadera vergüenza, no se habla de gestión, planes provinciales, presupuestos e inversiones… no, se habla de esposos, yernos y algún que otro pariente que salga a colación. Para mí, una verdadera vergüenza. Dicho esto y expulsado Pepe Llamas acompañado de Gaspar Masegosa quise realizar un ruego y comencé con las siguientes palabras: “le invito alcaldesa a una reflexión…” siendo rápidamente interrumpido con un: “Al pleno no se viene a hacer política”.  Ante su carácter dictatorial le recordé el artículo 94 y 95 del reglamento  y, por ello, mandó a la policía a echarme del pleno. Ante ello, contesté: “No me va a echar usted, me voy yo. Pero quiero decirle que esto es una vergüenza, una verdadera vergüenza”.

Créanme, mi acción fue la correcta, sé perfectamente que si padre, exconcejal popular y uno de los fundadores del PP de Cantoria, hubiese podido estar allí me hubiese dicho: “estoy orgulloso de ti y han convertido a Cantoria en una vergüenza”. Por ello, yo tengo la conciencia tranquila, pero aquellos que apoyan con sus actos las amenazas, las malas conductas, la violencia, niegan la libertad de expresión, niegan la democracia al no realizar plenos y cuando los realizan niegan la palabra, ¿ellos tienen la conciencia tranquila? Bueno, mientras cobren que más les da, pero recuerden que están amordazados y secuestrados.

 

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