Cláusula Suelo (I): El largo recorrido

Por Emiliano Domene Responsable del Grupo provincial de IU contra las cláusulas

60

Corría el año 2010 cuando, al menos conscientemente, tuve mi primer contacto con la hoy tan conocida y polémica clausula suelo; las alarmas saltaron después de que los medios de comunicación informaran de una fuerte bajada del índice de referencia de las hipotecas, el Euribor y con ello una importante bajada de las hipotecas

En breve me tocaba la revisión de la mía, firmada tres años antes, pero sorprendentemente no paso nada, algo había fallado. Como no soy persona de conformarse con las cosas sin más, me encamine a mi sucursal bancaria para pedir información y allí me enteré de lo que realmente pasaba. El empleado que me atendió me explico que entre todos los abrumadores datos de mi escritura había tres líneas que decían que mi hipoteca nunca bajaría de un precio, aunque oficialmente ese precio bajara. No me lo podía creer, la banca había logrado algo impensable, había logrado engañar a la ciencia exacta, había logrado engañar a las mismísimas matemáticas, las restas no restaban, pero las sumas si sumaban, toda una genialidad solo al alcance de mentes entrenadas con el único objetivo de maximizar beneficios aprovechando los conocimientos y posición de la banca frente a una confiada ciudadanía que hasta ese momento carecía de formación económica o bancaria alguna.

Yo era uno de esos ciudadanos y efectivamente carecía de formación y conocimientos económicos o legales, mi trabajo de cartero nada tiene que ver con esta materia, pero lo que sí era y sigo siendo es rebelde, entendiendo la rebeldía como un posicionamiento de la mente y el corazón ante lo que crees injusto. Decidí pues plantar cara e investigar sobre este tema, decidí utilizar las únicas armas que tenía frente a la todopoderosa banca: el estudio y la razón.

Resultó que todo no estaba tan claro como me habían explicado y comencé a encontrar errores en las escrituras, defectos de forma, clausulas de dudosa legalidad (hoy de hecho ilegales) e incumplimientos en las leyes de transparencia. Tras horas de estudio y mucho preguntar a las pocas personas que entonces sabían algo del tema, recopilé toda la información posible y articulé mi reclamación. Recuerdo como si fuera hoy las reacciones del personal del banco que me atendió en el momento de presentarla, pasando de la frialdad de la primera persona que me encontré , que sin siquiera leer mi escrito me dijo ” como quieras , pero no vas a conseguir nada” a la incredulidad del Director que se acercó a examinar mi reclamación y como le iba cambiando la cara conforme avanzaba en su lectura, sus nervios al terminar y la forma en que me miraba , como si hubiera visto un marciano en la playa, le delataban, estaba ante algo nuevo. Y en efecto así me sentía yo al darme cuenta de que había millones de afectados en nuestro país que desconocían totalmente la existencia de esta clausula y sus efectos, y aún mas marciano cuando me comunicaron que conforme a lo expresado en mi reclamación procedían a anular mi clausula suelo, pero aún así decidí seguir sin conformarme. Si la cláusula estaba mal hecha, era desde el principio, no desde ese momento, por lo que me negué a aceptar la resolución hasta que el banco me reintegrase el total de lo pagado de más desde el inicio de mi hipoteca y así fue, había ganado, pero mi cabeza siguió dando vueltas “yo soy uno, pero hay millones, esto hay que compartirlo” por lo que aprovechando mi condición de afiliado a Izquierda Unida y con el apoyo de un grupo de compañeros y compañeras comenzamos a dar talleres informativos y asesoramiento en una campaña que comenzó lentamente, pues la gente al principio no sabía ni de lo que le hablábamos pero que fue creciendo a pasos agigantados. Cada charla, cada taller contaba con más presencia que el anterior, el ánimo de la gente iba creciendo cada día más y más, y traspasamos fronteras y comenzamos a impartir talleres también fuera de la provincia de Almería, empezaron a llegar los primeros éxitos y con ellos un efecto dominó que hacía que hubiera más gente preparada para reclamar lo suyo. El nerviosismo llegó a la misma banca, que llegó a infiltrarse en nuestros talleres y de la que en aquella época recibí varias llamadas para de alguna manera convencerme de que estaba equivocado y lanzando a la gente a una guerra que no se podía ganar.

En mayo de 2013, en medio de un gran revuelo mediático, las entidades BBVA, Cajamar y NovacaixaGalicia fueron condenadas a anular sus clausulas suelo, pero inexplicablemente no a devolver lo cobrado de más según se argumentaba “el riesgo de trastornos graves con trascendencia al orden público económico” ante lo cual yo me preguntaba qué mayor trastorno puede existir que miles de familias siendo desahuciadas de su vivienda, en muchos casos por culpa de la aplicación de esta clausula. Hasta en la derrota la banca ganaba, habían sido condenados por quedarse el dinero de la gente y como premio por su condena se les permitía quedarse con todo lo recaudado irregularmente hasta ese momento. Y todo cambió. Los jueces fijaron esa fecha como el límite de la devolución de cantidades, muchos clientes fueron convencidos para firmar documentos en los que a cambio de la supresión de la clausula se comprometían a no reclamar nada más en el futuro y tuvimos que esperar años hasta volver a darle un golpe al suelo con el ánimo de derribarlo de una vez, en medio, muchas noticias, muchas declaraciones y mucho oportunismo e hipocresía política.

En diciembre de 2016 el Tribunal  de Justicia de la Unión Europea, tras un largo Vía Crucis fallaba a favor de los afectados, con la retroactividad total de las devoluciones desde el inicio de la hipoteca y no solo hasta 2013, que motiva la aprobación de un Real decreto por nuestro gobierno, a mi entender chapucero e insuficiente que abre un camino de negociación entre bancos y cliente y cuyo efectos comprobaremos en breve.