La excavación se realiza con fondos municipales y con el Programa PFEA

El día 25 de febrero han concluido los trabajos de excavación y documentación de Macael Viejo (Macael) pertenecientes al primer año del Proyecto General de Investigación sobre este yacimiento arqueológico, autorizado por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía en septiembre de 2019. Si las campañas anteriores permitieron una valoración inicial de los asentamientos romano y bajo medieval existentes, la campaña desarrollada entre noviembre de 2019 y febrero de 2020 ha posibilitado un primer acercamiento a lo que hasta ahora parece la primera ocupación del cerro, que se remonta a la etapa neolítica. 

Terminada la documentación de campo, debe  comenzar ahora la investigación de ésta, para la que son necesarios una serie de programas analíticos llevados a cabo sobre los artefactos, ecofactos, y distintas muestras sedimentarias que contribuyan a esclarecer, en lo posible, las actividades y modo de vida de los grupos que, al parecer en distintas fases del neolítico, poblaron el enclave. La especial atención puesta en estos programas se debe al escaso conocimiento de esta etapa en la comarca, y en general en casi todo el sureste peninsular, donde, salvando contadas estaciones arqueológicas, contamos con trabajos de materiales y yacimientos en superficie, pero escasísimas excavaciones. 

En las dos áreas sondeadas, situadas en los extremos este y oeste del cerro, se ha documentado ocupación en esta etapa: en una de ellas una fosa de uso artesanal para la que se valora una cronología reciente del neolítico, y en la otra un complejo espacio habitado probablemente hacia el neolítico medio, hace unos 6.000 años. En esta área, de unos 30 m², se han localizado parte de una superficie de hábitat, probablemente cubierta con ramaje, y una serie de fosas circulares excavadas en el terreno destinadas fundamentalmente al almacenamiento de productos orgánicos, algunas de ellas posteriormente reutilizadas como vertederos de artefactos domésticos.

También el hallazgo más importante  se localiza en una de estas fosas, aunque en este caso se trata de una fosa específicamente destinada al enterramiento de uno de los habitantes, que comparte el espacio con lugares de claro uso cotidiano-doméstico.  Aunque el análisis de este singular hallazgo, uno de los pocos excavados para esta cronología en Andalucía, está en curso, llama la atención la arquitectura del sepulcro, con grandes lajas casi ortostáticas revistiendo algunas zonas de las paredes de la fosa, que parecen retraerse a las primeras manifestaciones megalíticas, y  que reflejan la materialidad compleja de las costumbres funerarias de estas poblaciones. El propio rito funerario presenta también importantes expectativas de investigación, con el individuo colocado en una posición fetal muy forzada, sin ajuar artefactual y bajo el cual debió depositarse algún elemento orgánico que ha dejado restos. Además se está valorando una posible remoción de la tumba ya en el neolítico, quizás vinculada con la desaparición de algunas partes del cuerpo del individuo sepultado, lo que de confirmarse ilustraría la enorme distancia cultural que nos separa de estos grupos. 

Además de los avances efectuados respecto a la ocupación neolítica del cerro, en la segunda fase de la campaña se han continuado los trabajos en la  necrópolis medieval. Un total de 29 sepulturas medievales han sido analizadas con metodología arqueológica y antropológica aportando una cada vez más sólida documentación sobre la mqbara (cementerio) islámica y morisca de Macael Viejo. 

La homogeneidad de la actividad funeraria es casi absoluta en la alquería, tanto en lo que se refiere al rito, tratamiento y disposición de los fallecidos, como a la orientación y tipología de las tumbas. Esta tipología, perteneciente a una variante de las tumbas Ladh adaptada al terreno montañoso del cerro, se revela como un rasgo conservador de la población asentada, pues se remonta al rito tradicionalista de los orígenes del islam, y al enterramiento del propio profeta y los primeros mártires musulmanes. La estricta homogeneidad de la escenificación de la muerte parece atenuarse en el caso de los fetos, recién nacidos, o niños muy pequeños, para los cuales se documentan cierta variedad tipológica de sepulturas, algunas de ellas circulares, y en puntuales casos la introducción de un modesto ajuar, generalmente integrado por trozos de una jarra de agua. 

Además se ha detectado una zona peculiar en el cementerio, posiblemente una pequeña parcela de uso familiar o clánico, donde se llegaron a amortizar con sumo cuidado algunas sepulturas con tierras para disponer encima otra serie de enterramientos exclusivamente de bebés. Otra de las casuísticas interesantes detectada en la campaña es el enterramiento de una joven muerta durante el parto, una circunstancia que por común que nos pueda parecer en el Medievo, cuenta apenas con unos pocos casos documentados en toda la Península Ibérica. 

Tan solo un rasgo de las sepulturas parece denotar cierta diferenciación de estatus dentro de la comunidad, pues la población sigue estrictamente la costumbre coránica de evitar ostentación alguna en el ámbito funerario. Nos referimos a las estelas que se colocaban a la cabecera y pies de los sepulcros, que eran los únicos elementos visibles de las tumbas, y para las que se aprecia una destacada variedad, dentro de la sencillez y ausencia de epigrafía en todas ellas.

De este modo, encontramos desde simples lajas verticales de esquisto o dolomía, ambas piedras disponibles en abundancia en el propio cerro, a estelas de mármol blanco local de distinto tamaño, algunas de las cuales muestran un cuidado trabajo de alisado con herramientas propias del oficio de la cantería. Estas estelas marmóreas y los tipos de trabajo documentados, quizás destinadas a las sepulturas de personas relevantes de la aldea, constituyen además un indicio directo sobre la relación de la población islámica de la zona con este tipo de rocas, que han constituido la base económica del Macael contemporáneo.