Decir que después de invertir casi medio millón de euros, éstos han ido a para a la basura, no es ninguna exageración, toda vez que el campo de fútbol de Tíjola fue construido hoy hace diez años, sobre un barranco que se usaba de escombrera.

Fue en junio del año 2008, cuando el entonces delegado del Gobierno andaluz, Manuel Recio, inauguraba una obra acompañado del Director de Tecnologías e Infraestructuras Deportivas de la Junta, Leonardo Cháves, hermano del que fuera presidente del gobierno autonómico, Manuel Cháves.

Ambos acudieron entonces hasta este municipio del Alto Almanzora, gobernado en ese momento también por otro hombre del PSOE, hoy inhabilitado por la justicia, José Francisco Carreño. Entonces era una buena foto y se correspondía con quienes habían financiado tan brillante y necesaria obra; La Junta destinó 225.000 euros a la construcción de estas instalaciones , cofinanciadas por el Ayuntamiento del Tíjola, y cuyo coste total ascendió a 450.000 euros. Un proyecto enmarcado en la línea de subvenciones de la Consejería de Turismo, Comercio y Deporte destinada a la construcción y mejora de las infraestructuras deportivas de los municipios.

“La instalación tiene un área de césped artificial de 63 x 105 metros que permite establecer un campo de fútbol 11 y marcar transversalmente dos campos de fútbol 7. Con la elección de este material se reducen los gastos de mantenimiento, se reduce el consumo de agua, se dota de mayor polivalencia a la infraestructura y se aumenta el número de usuarios potenciales. El nuevo campo de fútbol está situado en el paraje de La Fuensanta, junto al pabellón de deportes”, decía la nota de prensa enviada por el gobierno andaluz, desconocedores seguramente que el campo comenzaría a dar problemas a poco de haberlo inaugurado.

Dos años después de su inauguración, el campo ya comenzaba a evidenciar sus deficiencias y así lo publicábamos en La Comarca. Aparecieron hundimientos cada vez más pronunciados, fisuras y grietas en su superficie en diferentes zonas del terreno de juego y también del vallado. Entonces, un primer estudio del arquitecto municipal con quien recorrimos las instalaciones, ya advertía que “se están produciendo asentamientos como consecuencia de no poseer el terreno las cualidades necesarias para el fin al que se destina, presuntamente por no haber seguido el proceso de compactación necesario, dadas las características del subsuelo”. Y es que el lugar donde se ha construido “era un antiguo vertedero junto a un barranco” confirmaba posteriormente el actual alcalde de Tíjola, Mario Padilla, que tuvo que encargar un nuevo estudio, ante el empeoramiento de las instalaciones sobre todo en épocas de lluvia.

El estudio encargado confirmaba las sospechas, con una nuevo dato; arreglar el campo de fútbol cuesta cuatro veces más que hacer una nuevo.

El primer edil de Tíjola harto de pedir responsabilidades y la respuesta de un seguro que no llega, a estas alturas entiende que la solución para que los vecinos, sobre todo los más pequeños, puedan jugar en un campo de fútbol, es construir uno nuevo.

“Arreglar el campo cuesta 1,2 millones de euros, mientras que uno nuevo, algo más de 300.000 euros. No hay ningún tipo de duda”, dice Mario Padilla, mientras admite que ya están mirando un terreno para proceder a la construcción de uno nuevo y con “garantías”. Padilla no entiende como se pudo construir en un barranco donde “se tiraban colchones, lavadoras, maderas y desechos en general que después intentaron compactar. Que el terreno haya cedido, es una consecuencia lógica”.

La mañana de este miércoles, una década más tarde volvimos a recorrer las instalaciones que por supuesto han ido a peor. Nos encontramos con un grupo de niños de la escuela de verano, quienes nos prestan un balón (el que aparece en la foto) que depositamos en uno de los varios desniveles que presenta el campo. Son literalmente hoyos, que hay por todos lados, con desniveles muy pronunciados, producto evidentemente de que el terreno ha cedido. Si uno mira fijo a las portería, estas también están torcidas. Una de las tantas chapuzas que se hicieron en las épocas de bonanza.