Uno no puede poco menos que estremecerse con la sociedad que nos está quedando. Al calor del reguero de noticias de violaciones colectivas, abusos entre menores y perversiones de lo más variopintas, grupos radicales del feminismo más abyecto parecen querer abrir una causa general contra el género masculino.

Al punto está llegando la cosa que algún día tendremos que pedir perdón por el mero hecho de ser hombres.

Entre la igualdad y la intolerancia media un trecho muy grande que parece estar rebasándose por según qué colectivos sin el más mínimo rubor. Poco a poco van logrando victorias, la última sacar de las parrillas de la Fórmula 1 a través de sus lobbys de presión a las azafatas, sin ni tan siquiera haber contado con la opinión de las perjudicadas, a quienes privan de un trabajo y un escaparate sin igual para quienes pretendan realizar una carrera de modelo.

Simplemente porque la ‘moral actual’ así lo recomienda, según insinúa el comunicado de la empresa organizadora. Con dos narices.

En Hollywood ahora es un tema candente el supuesto dominio sexual del hombre sobre la mujer y por efecto de imitación se contagian el resto de países occidentales, al punto de que fue una de las reivindicaciones principales en la gala de los Goya y a Arturo Valls, por posicionarse en contra aduciendo que prefería hablar de los problemas de la industria del cine, le han llovido hostias como panes.

En Francia, un movimiento femenino encabezado por actrices como Catherine Deneuve ya ha tildado esa campaña de pura mojigatería. Si nos escandaliza más el pezón de la hermana de Michael Jackson en una Super Bowl que lo que ocurre cada día en el Mar de Alborán es para reflexionar. En horas muy bajas anda la educación cuando una diputada suelta ‘portavozas’ y, no contenta con ello, defiende tamaña aberración lingüística.

Vivimos en la era de la estulticia…