“Artículo publicado en la edición dominical de la sección de deportes de Diario de Almería y reproducido con la autorización del autor”

Lidia Valentín Pérez (Ponferrada, 10-2-85) fue campeona olímpica en 2012, mundial en 2017 y tricampeona de Europa en 2014, 2015 y 2017 en la sacrificada modalidad de halterofilia, un deporte que requiere una preparación física portentosa para poder levantar pesos que fácilmente pueden triplicar el del propio cuerpo (Ciro Ibáñez me enseñó algunas cosas del mismo). Sin rivales a nivel continental en los últimos años, la gloria mundial se le ha negado muchas veces de la forma más torticera posible, por culpa del dopaje. Tanto es así que en los Juegos de Londres ’12 su clasificación oficial fue el cuarto puesto (levantando 265 kilos entre arrancada y dos tiempos) y tuvieron que pasar 4 años para que la Federación Internacional le reconociese el oro olímpico al haber dado positivo las tres rivales que ocuparon el podio y le privaron de la foto que todo atleta sueña con tener, el oro olímpico y la corona de laurel. Por desgracia no era la primera vez que le ocurría a la berciana. Ya en Pekín ’08 tuvo que pasar por un trago similar cuando tras quedar en quinta posición durante la competición, finalmente era proclamada subcampeona olímpica al conocerse los positivos de la primera, tercera y cuarta clasificadas entonces. Tampoco pudo sacarse la imagen icónica para el recuerdo, pero nunca ha perdido la sonrisa ni las ganas de competir. Sin tramposas en el camino, el año pasado tuvo la gran oportunidad de alzar el cetro mundial en Anaheim (Estados Unidos) y por suerte, aunque con retraso, le están lloviendo los reconocimientos de forma justificada y ganada a pulso, entre otros el de Mejor Deportista de 2017 entregado por la Asociación Española de la Prensa Deportiva. Ejemplos como el suyo son los que reconfortan para ser emulados por las generaciones venideras, para que vean que la senda más corta hacia el éxito es la limpieza, aunque haya que esperar mucho tiempo. PD: Con afecto para mi hater feminazi.