Vivimos tiempos difíciles, hemos descubierto que tanto el tiempo como las creencias que en él se producen no son absolutas. Esto que en principio parece una frase más, encierra una cuestión que apenas estamos empezando a comprender como seres pensantes. ¿Cómo actúan las ideas y los pensamientos?

Las creencias se forman a través de los pensamientos, o quizá debería decir del pensamiento en singular. Constituyen en general un conjunto de ideas que se consideran como verdaderas o ciertas, como válidas. Como si fueran materiales, edificamos viviendas sobre este conjunto, construimos lenguajes y casas, calles, carreteras… poblaciones, naciones y culturas. Construimos lo que llamamos sociedades.

Cuando lo hacemos, damos forma a una manera de pensar, de vivir, de contemplar e interpretar. No solo se trata de una construcción visible, también se realiza otra de manera invisible que es complementaria de la anterior. La llamamos mentalidad, individual o colectiva. Tanto una como otra nos condicionan desde la infancia modelando capas que nos envuelven y hacen de filtro, unas capas que nos separan e impiden que conectemos directamente con la fuente de nuestra propia esencia.

En nuestro país se ha producido un hecho que ha convulsionado a toda la comunidad, la muerte del niño Gabriel Cruz, “el pescaito” como se le ha llamado cariñosamente. Me refiero al caso para ilustrar lo que hablamos sobre las creencias. Los padres han realizado un gesto de bondad y benevolencia incomparable, a pesar del sentimiento de ausencia y dolor que podía haberlos llevado hacia el juicio fácil del ojo por ojo o la negatividad, han polarizado su malestar hacia un ámbito de cuento infantil en el que el niño cae en las garras de la bruja malévola. Han polarizado sus propias creencias para elevar a Gabriel por encima de todo lo sucedido.

También quiero referirme a un WhatsApp que he recibido con un escrito de título “Esquizofrenia Social”, un llamamiento de un sacerdote católico en el que hace una crítica social sobre la situación que estamos viviendo en nuestra época , resumiendo al final que si no es el fin de los tiempos, debe ser el ensayo…Claro que estamos en el final de los tiempos, el final de un ciclo astrológico que los antiguos llamaban “precesión de los equinoccios”. Un ciclo que dura aproximadamente unos 25.000 años y que lleva consigo una serie de cambios y ajustes, sobre todo en la manera de pensar e interpretar el universo que nos envuelve, en especial nuestra visión del binomio espacio-temporal.

Hace ya algún tiempo que vivimos situaciones apocalípticas y no creo que haya que alarmarse ni dramatizar sobre esto. Lo que está aconteciendo es apocalíptico en el pleno sentido de la palabra, que no es otro que el descubrimiento de lo que está o estaba oculto , como indica la etimología de la palabra griega apokalipsis de la que procede. Estamos viviendo la posibilidad de encontrar el polo complementario, el lado oculto, para completar el secreto de la unión. El secreto de la unidad del dos en el uno y del uno en el dos.

Lo verdaderamente importante es la unión, no la separación que nos ha traído hasta la situación caótica actual. Ser conscientes de que somos energía y que tenemos la capacidad de atraer la energía es un paso fundamental a la hora de evolucionar. Siempre habrá quienes sigan insistiendo en el papel de la bruja mala como algo exterior a su propia mente, a su propia personalidad, como si el exterior estuviera separado del interior. La malevolencia capea a sus anchas por todas partes y no solo fuera, de manera invisible está presente en nuestras emociones y pensamientos. No hace falta nada más que observar la televisión y los medios, los programas, las películas, los noticiarios…para darnos cuenta que nos están bombardeando continuamente negatividad, violencia, agresividad y un sin par de miedos más. El miedo se ha instalado en nuestras vidas, se vende muy bien, y el caso es que parecemos inmunes o lo vemos como algo normal…

Habitualmente la importancia de las actos y acciones es valorada como causa principal de la transformación personal y social, aunque los conocimientos recientes apuntan a la etapa anterior que constituye el propio pensamiento. Los pensamientos son energía que a su vez crea posibilidades que pueden actualizarse en el futuro, bien sea por el propio pensante o por otros individuos que reciban dicho pensamiento . Deberíamos cuidar de los pensamientos como factores protagonistas, hasta ahora el foco estaba centrado en los actos como motores independientes, pero cualquier acto está asociado a ideas y pensamientos previos o coetáneos que lo provocan.

Cuando observamos un árbol, parece que solo está formado por tronco y ramas, las hojas y los frutos dependen de la época del año y del tipo de árbol. Nunca o casi nunca observamos las raíces que están ahí para sustentarlo y alimentarlo. Parece que lo invisible no tiene lugar, y si que lo tiene, está siempre junto a lo visible ocupando un lugar primordial. Basta con cavar un poco y veremos las arterias, las venas, las raíces que en un primera mirada habían parecido inexistentes.

Así pasa con la mayoría de las cosas. Damos por hecho el mundo como si ya estuviera acabado y definido. Eso hace que actuemos como si viviéramos en un gran almacén donde todo se puede comprar y vender, como si fuera un gran mercado. Sin embargo el mundo se está creando, modelando y transformando a cada instante, a cada pensamiento, a cada acción… Somos participantes activos de todo, no somos elementos pasivos que solo podemos comprar en el gran almacén. Participamos e interactúamos en la creación con nuestra manera de pensar, de vivir y actuar. Como sabemos, todos somos responsables de nuestros actos, de lo que hemos creado como células individuales y de lo que hemos creado como células que viven en comunidad.

Ahora cabe añadir otra responsabilidad que permanecía oculta tras el velo de la apariencia, la de nuestros pensamientos que están presentes en nuestras acciones diarias. Somos señores y no esclavos de lo que pensamos. Podemos elegir que y cómo pensar. El cambio no empieza en el exterior sino dentro de uno mismo.