Imagen de la Jefatura de la Policía Local de Olula del Río

Por Jorge Colipe

En el año 2011, todos los miembros de la Policía Local de Olula del Río, estaban de baja, la mayoría afectados psicológicamente, según decían entonces, un malestar provocado por el mal ambiente de trabajo que se respiraba en el cuartel. Todos estaban de baja, menos la que entonces era la jefa de la policía, quien había sido la elegida por el alcalde Antonio Lucas dentro de sus competencias, como responsable de la unidad. 

La situación entonces era de una enorme tirantez y los miembros de la policía local olulense, se quejaban por recibir órdenes como las de pararse en medio de la avenida principal a contar los coches que pasaban. Por supuesto el asunto terminó en los tribunales, porque se suponía una situación que podría denominarse, acoso laboral. 

En aquellos años los puentes estaban rotos. No existía diálogo entre los miembros de la policía local y los responsables de gobierno. Entonces se buscó a un intermediario para que se intentaran acercar las posturas y al menos todos se pudieran sentar a la mesa de una posible negociación. Al que esto escribe, se le pidió que hablara con las partes y se retomara el diálogo. De este modo el alcalde Antonio Lucas, la teniente alcalde de entonces Isabel Sáez, quien suscribe y dos veteranos miembros de la policía se juntaron algunas veces en el despacho de alcaldía. Nunca se llegó a un acuerdo, porque las posturas eran irreconciliables; el alcalde no estaba dispuesto a quitarle el mando a la jefa, y los policías acusaban a la misma de ejercer una especie de tiranía y maltrato psicológico hacia ellos.

Aquí hay otro elemento que vuelve a repetirse. Eran tiempos de elecciones y aunque de baja psicológica, algunos policías tuvieron una clara actitud militante contra la entonces corporación, filtrando información y fotos a la prensa, imagino que con la intención de ejercer presión sobre los responsables políticos del momento.

Llegó la cita electoral, cambió el color del  gobierno municipal y quienes habían ganado las elecciones retomaron las negociaciones con el fin de normalizar las relaciones entre Ayuntamiento y Policía Local. Se produjeron encuentros y a uno de ellos, se me invitó a participar. Allí entre las partes interesadas, se fraguó el acuerdo que acabó con la jefa de policía lejos de Olula del Río, condición innegociable de los miembros del cuerpo para normalizar la situación.

Entonces, de manera escalonada, todos superaron la depresión y poco a poco se fueron reincorporando a sus puestos de trabajo. De manera asamblearia los mismos policías propusieron un candidato para liderar el cuerpo, algo que años más tarde ratificaran con nombres y apellidos sobre un papel, que hoy está en manos de todos los medios de comunicación como documento notarial.

Pasadas dos legislaturas, da la impresión que hemos vuelto al principio del problema. Ahora el motivo no es la jefa, sino el actual jefe. Las quejas son parecidas a las de entonces. Las operaciones en la prensa son calcadas y calcados son algunos de los motivos de las bajas. 

Es como si alguien o algunos, no conformes con el reparto de responsabilidades vuelvan a la carga, en épocas de elecciones, intentando desestabilizar a un cuerpo que tiene, nada más y nada menos, la responsabilidad de velar por la seguridad de los ciudadanos. 

A estas alturas la cosa está muy vista. Y lo que antes parecían justas reivindicaciones, con el paso del tiempo parecen ser caprichos egoístas de trabajadores que juegan y especulan con las cosas de comer, amenazándote con arrojar los muertos en el salón de tu casa.