Grandes ampliaciones en la plaza del complejo cultural de la Fundación Ibáñez Cosentino muestran la prodigiosa técnica de los grabados goyescos.

Tras la experiencia de Olularte, el Museo Ibáñez de Olula del Río vuelve a sacar el arte a la calle. En esta ocasión es Francisco de Goya el elegido. Una selección de sus Caprichos se expone en paneles metálicos de gran formato, diseñados para la ocasión, en la plaza de la Ciudad de la Cultura, junto al Centro Pérez Siquier y la monumental escultura Mujer del Almanzora de Antonio López.

Para esta intervención, el museo olulense ha digitalizado a alta resolución, usando la tecnología más avanzada, los grabados originales de Goya que atesora en su colección permanente. Ello ha permitido registrar toda la información técnica de estas obras prodigiosas y hacer ampliaciones de un tamaño cincuenta veces superior al original sin perder la calidad del dibujo de Goya, su turbadora perfección y su extraordinaria capacidad de invención, riquísima e inagotable. 

Se han escogido, junto al autorretrato que sirve de frontispicio, veinte imágenes de la serie de Los Caprichos, acaso el conjunto más célebre de toda la historia del grabado español, y se presentan detalles de las mismas sin perder el discurso y narración de cada una de ellas. Los grabados elegidos pertenecen al conjunto más grotesco y satírico dentro de la serie, donde el uso de la caricatura y la deformación sirve al autor para criticar los aspectos más involucionistas del poder y de la sociedad de su época, en cierta forma vigentes aún hoy. Goya es un artista de plena actualidad, universal e inagotable.

Las reproducciones a gran tamaño, de una extraordinaria calidad, permiten contemplar por vez primera el primor y precisión de la técnica del aguafuerte goyesco. Personajes que en los grabados originales miden unos pocos centímetros se admiran ahora a un tamaño gigantesco, de casi dos metros, revelándose el virtuosismo dibujístico del autor con el buril, trazo a trazo, su incisiva e inmisericorde mirada y su prodigiosa capacidad para crear imágenes de gran expresividad y belleza expresionista.

Las obras expuestas son: El si pronuncian y la mano alargan al primero que llega, Están calientes, Todos caerán, No hubo remedio, Ya tienen asiento, De que mal morirá?, Hilan delgado, Mucho hay que chupar, Corrección, Duendecitos, Los Chinchillas, Se repulen, Que pico de oro!, El vergonzoso, Hasta la muerte, Trágala perro, Y aún no se van!, Sopla, Unos a otros Nadie nos ha visto.

LOS CAPRICHOS

Ejecutados entre 1797 y 1799, se trata de un conjunto de ochenta grabados al aguafuerte y aguatinta donde Goya usa la sátira, la caricatura y la imagen grotesca para criticar desde una óptica ilustrada a la sociedad española del Antiguo Régimen. Muchos de los temas aquí plasmados y su inspiración ideológica e intelectual nacen de la relación del artista con los grandes literatos y pensadores ilustrados de la España de entonces, principalmente Moratín, Saavedra y Jovellanos.

Los Caprichos son una obra monumental de un autor decisivo para la historia del arte occidental. En ellos se aprecia el nacimiento de una nueva época; el mundo contemporáneo. Están realizados tras la peligrosa enfermedad que padeció entre 1792 y 1793 en Cádiz, en casa de su amigo Sebastián Martínez, de la que sobrevivió milagrosamente y quedó completamente sordo. De esta experiencia nace un Goya nuevo, sin miedo a dar rienda suelta a su genio creativo, a su imaginación y pensamiento fascinantes. Hasta ese momento había sido un artista cortesano al servicio del poder; a partir de ahora creará una obra personal por iniciativa propia, sin que medie encargo alguno, verdaderamente turbadora y capaz de socavar los cimientos de lo que hasta ese momento se entendía como arte y su misión en el mundo. En este contexto, el término “Capricho” se refiere exactamente a eso; la obra que nace desde la voluntad y libertad de elección del artífice.

El primer germen para Los Caprichos está en los dos primeros cuadernos de dibujo, los conocidos como Álbum de Sanlúcar y Álbum de Madrid, realizados hacia 1796. Siguieron un conjunto de dibujos preparatorios que Goya denominó “Sueños” para realizar varios grabados cuyo frontispicio sería “El sueño de la razón produce monstruos”. Goya empezó a grabar y la serie fue creciendo más y más, hasta llegar a ochenta imágenes. Finalmente hizo una agrupación y secuencia diferentes, aparentemente más desordenada y con ánimo de despistar –ello incluye también algunos de los títulos elegidos- y la puso a la venta en 1799, usando como portada su autorretrato de perfil, donde mira de reojo inquisitivamente al mundo, verdadero aviso a navegantes de lo que viene a continuación.

 La venta de los cuadernos de grabados, trescientos ejemplares, se anunció en el Diario de Madrid el 6 de febrero de 1799 con un texto-manifiesto donde el autor explicaba literariamente sus intenciones. Se especificaba que podían adquirirse en la licorería de la Calle Desengaño nº 1, el mismo domicilio en cuyas plantas superiores tenía Goya su taller y vivienda. Catorce días después tuvo que retirarlos de la venta al ser denunciado por la Inquisición. Varios años después, en 1803, donó las planchas y cuadernos no vendidos al rey, para proteger la obra y salvaguardarla de las garras de la Inquisición.