A veces cuando las bases hablan, no siempre lo hacen en el mismo idioma que los dirigentes. Los afiliados del PSOE hablaron (solo aquellos a los que les han seguido cobrando la cuota porque en municipios como Zurgena se cargaron a 25 militantes sin ninguna explicación más allá de la evidente después de que Adela Segura acordara con el clan Trabalón), y dijeron que no; no es no.

Todo el aparato, el establishment, los medios “progresistas” y la baronía territorial estaban con Susana Díaz, la que aspiraba a ser presidenta de España, no sin antes “ser la primera presidenta del PSOE, la primera en 140 años”. Pero perdió, y aunque ganó en Andalucía y en la provincia, porque obtuvo más votos, ya se sabe que en política, ganar no siempre es salir primero.

También perdió Pablo Iglesias, quien quería un PSOE a la derecha para comerse el espectro.

Perdieron todos incluidos Adela Segura y José Luis Sánchez Teruel, quienes apretaron tanto que hasta han dejado afuera a socialistas de toda la vida que ahora pedirán ser readmitidos y con total seguridad irán en su búsqueda en el próximo congreso provincial. Veremos donde acaban quienes practican ,el melasudismo” me confesaba un destacado dirigente sanchista de la provincia hace unos días.

“Han afiliado a más de 20 trabajadores del Centro de Menores de Oria a última hora y varios nuevos afiliados de la capital tienen como teléfono de contacto el de un alto cargo de la Junta de Andalucía; confunden partido con instituciones”, aseguraba mi interlocutor, quien se atrevió a calificar de “vergüenza” la foto del alcalde de Albox Francisco Torrecillas, aplaudiendo animosamente a Susana Díaz en su último mitin en Níjar.

Eso creen los socialistas de verdad, los de toda la vida, los que han castigado el viraje a la derecha, los que piensan que no da igual cualquier tipo de alianza, con el único objetivo de mantener el sillón. “A ellos no les interesa ganar elecciones, les interesa solamente su sillón”.

Perdió Susana. Ganó el socialismo. Arriba los pobres del mundo.